martes, 15 de marzo de 2016
miércoles, 9 de marzo de 2016
viernes, 4 de marzo de 2016
miércoles, 2 de marzo de 2016
Tres años sin Hugo Chávez
Héctor Tenorio
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| También autor del libro Los Profetas del Golpe en 2014 Foto Twitter |
El próximo 5 de
marzo se cumplirá el tercer aniversario luctuoso del Presidente Hugo Chávez, la
oposición especuló que el deceso sucedió días antes en Cuba, cuestión que habría
afectado la credibilidad del régimen y existía el riesgo que se viera reflejado
en el proceso electoral que estaba por celebrarse. Sin embargo, no hubiera
cambiado la reacción de la población.
Más de dos millones de personas participaron
en el duelo nacional (funerales de esa dimensión no se habían visto desde 1989,
con el fallecimiento del Ayatolá Jomeini en Irán). Ahora bien, el responsable
de su muerte fue el mismo mandatario que desestimó los síntomas del cáncer. Sus
últimas palabras según testigos, fueron que no lo dejaran morir. Irónicamente
al caer preso el 4 de febrero de 1992 por intentar derrocar al gobierno,
expresó que hubiera preferido la muerte.
En los 14 años
que gobernó Chávez logró entre otras cosas la recuperación de la identidad
nacional e impulsó una política pública novedosa con especial énfasis en la
reducción de la desigualdad social. Hubo una conexión emocional del Jefe de
Estado con los sectores populares gracias al uso de la renta petrolera.
El
politólogo Adam Przeworski ha planteado que la democracia no alcanza a mitigar
la desigualdad económica y la desigualdad económica se transforma en
desigualdad política porque la influencia política de cada ciudadano aumenta
según incrementa su ingreso. Para el economista Alan Wood al proyecto chavista le
faltó una mayor producción en el campo y toleró que la distribución de los
alimentos siguiera estando en manos de la aristocracia local vinculada a
grandes monopolios extranjeros de alimentación y bebidas.
Hispano/Latino/Chicano – Jorge Mújica
Jorge Mújica Murias
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| Imagen de planoinformativo.com/ |
Estados Unidos es un país donde hay una desmedida costumbre de medir todo. En el fútbol americano se miden las yardas por cada pase, las yardas que el quarterback corre con la pelota; en béisbol no solo importan las carreras, sino cuántos lanzamientos hizo el pitcher y cuántos fueron strikes y cuántas bolas. Por eso el fútbol nunca ha pegado tan bien; ni modo que se cuenten los metros que se corre con la pelota o las veces que se tira a gol o cuántos metros mide el total de pases de cada jugador.
El caso es que en el censo de 1980 la administración de Ronald Reagan se inventó una categoría para lidiar con la creciente población que no correspondía ni a los blancos ni a los negros ni a los asiáticos. El censo preguntaba si la persona censada era de origen Español/Hispánica, y como categoría secundaria si era mexicano, mexicano-americano o chicano; puertorriqueño, cubano u otro, es decir, una mezcolanza de orígenes nacionales con lenguaje y con cultura, particularmente con el término “chicano” y el idioma como identificador.
Para 1990 agregaron varias nacionalidades, por la ola de refugiados de las guerras civiles centro y sud-americanas, una nueva población con la que tenían que lidiar: ya uno podía ser argentino, colombiano, dominicano, nicaragüense, salvadoreño, español u otro, además de mexicano o chicano.
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